Del amor sabio – Página 12

 

El country no es de los más selectos. Está más cerca de Roldán y ha llegado gente de la ciudad. Todos, casi todos, se han puesto de acuerdo en la estética de las casas: mecanos prismáticos y minimalistas que se han difundido en todo el país, en especial, en ciertas playas atlánticas y otros barrios cerrados. Parecen hacer honor a la eficiencia y el ahorro y están a la moda. Hace ya dos años que ellos viven ahí y tienen amigos, algunos venidos de Rosario. A Milena, como sucede cuando sale con las chicas, se la ve muy activa, incluso más. Lava la vajilla después del desayuno en el que los chicos comieron casi todo lo que puso, incluso los omelettes.

Ella es alta, muy alta, las largas piernas realzadas por los pantalones anchos y de tiro alto, el paso grande acompasado, el pelo corto, elegante, la actitud curiosa.

Ignacio es también alto, no tanto como ella, descalzo le lleva apenas uno o dos centímetros, el pecho fuerte y la alegría dispuesta, más ahora, en esta mañana en que acaba de desayunar con los suyos el pan lactal tostado, la manteca, la mermelada, la ensalada de frutas y los omelettes, réplicas exactas que hace su mujer desde hace quince años. Más ahora porque hoy llevará a los chicos al campo de los abuelos.

A Manuela y Felipe, el más grande, les encanta. Se lo pasan de un lado a otro hasta que la noche los encuentra mugrientos y agotados.

Recorrerán el potrero de las vacas donde esperan el salto de alguna perdiz, o tal vez algún nacimiento. Allí, Manuela, que estaba sola con su papá, vio por primera vez de donde salía un ternerito nuevo. Irán, otra vez, esperando ese milagro, aunque no es época según les ha dicho el padre. Inspeccionarán el gallinero, agarrarán con suavidad algún pollito del que descubrirán la fija inquietud en su mirada negra, se acercarán a las ovejas indiferentes, siempre en lo suyo, y llegarán hasta el canal donde dejarán caer el anzuelo con la carnada por algún bagre esquivo. Subirán por turnos al caballo de andar. Y si hay viento, remontarán, por qué no, el barrilete que los abuelos les guardan en el galpón.

―¡Vamos al campo, vamos al campo! ―gritan mientras saltan tomados por los hombros ―ella es muy alta como su mamá.

Hoy es el día en que Milena se reúne para hacer la pijamada con las chicas. Su entusiasmo completa el cuadro y afirma el clima.

―Prepárense los bolsos. Y no se olviden el equipo de mate del que hoy se ocupa Manuela. Ya está todo limpio y ordenado. Calienten agua para el termo.

―¿Ya te vas mami?

―Ya, Feli, tenemos que hacer las compras y quedamos en encontrarnos temprano. Me llevo la Duster que está atrás de la Sandero, ¿está bien Nacho?

―Sí, dale, no hay problema, vamos con la Sandero, gasta menos.

La pijamada es en el barrio que está cerca del aeropuerto, al borde de Funes, no lejos de Ibarlucea. Las casas son más grandes y los autos buenos.

―¿A qué hora salimos papi?

―No hay apuro, llegamos en una hora como mucho, son las nueve recién.

―Vamos, vamos papí ―corean los chicos.

―Voy a mirar el pronóstico, por las dudas

Tiene la aplicación windgurú que todos los vecinos recomiendan. Parece que pueden caer chaparrones.

―Chicos, hoy puede llover, eso dice el pronóstico. Pero yo digo que vayamos igual. El asado se puede hacer en la galería y seguro que mucho no va a llover.

Manuela y Felipe se miran y asienten.

―Sí, papí, nos parece bien, vamos, vamos.

―Si. pero paciencia, voy a sacar la Sandero y voy donde está mami, a Funes, para cambiársela por la Duster que es más segura para el barro. Hagamos un poco de tiempo, es temprano. Vayan a prepararse los bolsos. No hay apuro. Ustedes me esperan y, de paso, compro la carne allá que es mejor que la de acá.

Cuarenta y cinco minutos después Ignacio abre la puerta para salir, pasará Funes a buscar la Duster que se llevó su mujer y por el asado.

―Terminen de prepararse que en un rato vuelvo, no le abran a nadie.

Aunque hay, todavía, poco tráfico, busca la autopista, no quiere tomar la ruta por los radares

Ya entra por el acceso principal desde la autopista, llega a la rotonda y sigue por Miguel Galindo hasta el semáforo, lo cruza y dobla por General Paz, hacia el supermercado. La reconoce casi sin darse cuenta.

Y sí, es la Duster.

El cabello es apenas más canoso, mantiene todo el pelo ondulado y el tono de la piel sigue siendo esa combinación feliz entre el trabajo del sol y el del linaje. Más si los ojos refulgen en su verdor. Una versión de la hermosura que era reconocida por muchos. El paso tan parecido al de su mujer, qué notable.

Y él pudo con todo eso. Él, de un aspecto casi tosco, sólo templado por un porte apenas mayor a lo normal. Él, con ojos marrones y cuello ancho, sí, él, le sacó la novia a Juan Martín, siempre guapo, con su pelo ondulado, ahora entrecano, y sus ojos verdes. Porque hay una suerte de omnipotencia en el amor que, sorteado el arrecife de la aceptación, promete un cielo sin tiempo. Cortejó a Milena por años con la convicción del enamorado. Y se la llevó. Y tuvo a Manuela y Felipe, con ella. No le importó que Juan Martín fuera su novio oficial desde que la conoció. Apenas si componía una parte nimia del arrecife. Recuerda cuando ella le dijo, con una seriedad que midió como temor o angustia, que sentía algo cuando se encontraban. Recuerda el beso, los dos besos duros para darle sello a lo que habrían de fraguar. Dos hijos, nada menos. Y quince años juntos.

Una suerte de frío lo recorre como si su cuerpo fuese hueco.

No debería ser él, o la Duster no debería ser la Duster. Pero ambos son ésos. A Juan Martín le gustaban los autos doble tracción.

Va a mandar un mensaje…

Frena en la esquina y se queda inmóvil. Todo se detiene. En seguida sabe lo que debe hacer. Pero resiste en su sitio para dejar que el tiempo le permita acopiar seguridad.

Está seguro.

Toma el teléfono. No graba, escribe y envía. Inmediatamente sale en dirección este, como yendo hacia al aeropuerto.

Unas cinco cuadras después, se detiene en una carnicería que, también, conoce.

El celular avisa que ha recibido un mensaje.

bueno te esperamos

Arriba dice:

Hola Manuela al final vamos con la Sandero nomás le dejamos la Duster a mami aquí también puede llover según el pronóstico en un ratito llego.

 

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