Estos minutos de siempre – La Revista del Siglo

No te gusta tanto desnudarla. Nunca te gustó mucho ese trámite. Mil veces te dijeron, mil veces viste cómo desnudar no es un trámite. Cómo desnudar y dejarse desnudar forman parte del juego y seguramente del placer. Pero no tenés ese placer. Es como miedo a que eso que hace falta que hagas, porque así parece que es en general, el hombre desnuda y la mujer se deja desnudar, eso que hace falta que hagas, pueda fracasar y toda la expectativa de coger se caiga. […]

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Bicicletas – La Revista del Siglo


Mi madre lo veía con admiración. Quería verlo así, seguramente fruto de su amor. Incluso lo comentaba muchas veces haciendo notar que el mundo en el que me movía tenía una importancia única, y que no sólo debía tenerla para mí, si no para todos. El hecho de no prestar atención a ninguna otra cosa mientras estaba enfrascado en algo, y eso ocurría la mayor parte del tiempo, era visto por ella como una gran virtud, un síntoma de genialidad oculta y en progreso. […]

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De amores y viñedos – Página 12


Para el Negro, un Caballero de la Orden de Fuego, la fidelidad era una cuestión de pura ética cósmica, además desde joven se había convencido -y lo habían convencido- de que la mujer que había conquistado era extraordinaria: muy rubia y fundamentalmente muy buena. Eso, todos sabían, era lo más importante y la gente del barrio se alegraba por la pareja oficiando de agente de propaganda de la misma. Todo hubiera seguido los carriles propios de una familia modelo si no hubiera sido por el segundo de los hijos, también rubio (menos), de ojos profundamente azules y de ideas radicales. […]

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Siempre allí – La Revista del Siglo


Tenía que llegar. Esta mañana tenía que llegar. Yo lo pensé muchas veces, pero nunca me imaginé que iba a ser así, con este airecito de primavera, con este viento fresco que entra por la ventana. Pensé en este día desde siempre. No tengo miedo, estoy un poco triste. Me hubiese gustado que fueran ellos mismos los que lo hicieran. No esta gente que no conozco. Porque después de tanto tiempo, una se vuelve como de la familia. […]

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La inapelable fragilidad de estar – Página 12


-Te voy a matar… -empezó a decirle con una sonrisa cuando salía de la casita de ladrillos vistos donde vivían desde que él la invitó, después de un noviazgo de seis meses. Ella se había enamorado del barrio enseguida y con mucho cuidado se ocupó de los quehaceres sin que él se lo pidiera. Ver la cama tendida después de una noche juntos lo conmovía particularmente. […]

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La ruta de Ortiz – La Revista del Siglo

Enrique Ortiz había llegado hacía menos de una hora. Consiguió habitación enseguida en la hostería en la que siempre se hospedaba. Le gustaba el ambiente modesto que le había quedado como residuo de otros tiempos, cuando la moda era ir de vacaciones por allí. Esa suerte de decadencia digna le parecía linda, como la mayoría de los viejos del lugar. Los viejos del lugar se veían tranquilos, con el aire de aceptación que dan los días largos y silenciosos. […]

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Vende-se, lugar de sonho, pertinho da Praia – Página 12

En el pequeño almacén donde compraba lo necesario para la casa se habían peleado. Tomasia dirigía el negocio con mano tan calma como firme y el racimo de muchachos solía encontrarse allí antes de salir al mar o a la laguna. El parentesco entre ellos era difícil de establecer. Eran, sí, parientes, y cercanos. Morenos casi todos, parecían caboclos. Había entre ellos varios hijos de Tomasia, quizás de distintos padres. Habría alguno que no fuera hijo de ella. A fin de cuentas, funcionaban como una familia. […]

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Pura sangre – Página 12

Se lo había llegado a creer. A pesar de su modestia voluntarista aprendida de los curas que le hacía dudar de cualquier logro, se lo había llegado a creer. De chiquito había mostrado su inclinación al exhibicionismo imitando a los jugadores de fútbol que admiraba. En los partidos de Las Heras, antes de empezar, ejecutaba los piques y los desplazamientos que había visto por televisión. Siempre impecable metido en su pantaloncito y su camiseta, ambos dos talles más grandes del que le correspondía. Era muy flaquito. “Un poco tísico” decía Padín, el director técnico de todas las divisiones cuyos jugadores solía ver cada quince días. […]

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