Libertad, igualdad y fraternidad – Página 12

Soy tu amiga y te lo tengo que decir. Me encantó lo que pasó después. En serio que me encantó. Te digo que no termino de entenderlo, la cosa es que me encantó. ¿Vos qué pensás?

¿Sabés qué sentí Chuni? No sé cómo decírtelo. No sé. Un sentimiento bueno, tranquilo… de buena onda, casi de fraternidad, eso: de fraternidad.

Yo no me lo había imaginado ni por las tapas. Bah, capaz que sí, que alguna vez lo pensé. Te pasa, ¿viste? Te pasa, creo. Eso de imaginarse tal o cual situación. Pero con Eliseo me parecía imposible.

Ya sabés cómo es él, serio, qué se yo, formal. Tiene buen humor y lo demuestra. No se zarpa, eso sí, lo administra en las dosis justas, ¿no te parece? Aparte, en el consultorio se maneja con distancia. Es, no sé, correcto. A la gente le gusta hablar con él, a las viejas les encanta. A los hombres no sé, no estoy tan segura. Yo me doy cuenta de que con las minas es un poco seco. Está bueno y lo sabe, está seguro de sí mismo y de su seducción. Basta verlo entrar en cualquier lugar. Imponente. Se nota enseguida, y a mí me encanta, me encanta cuando entra, qué se yo.

Para los amigos es de fierro, pero con los demás hombres no me lo imagino del todo, le tienen un poco de miedo, me parece. En general tiende a ser reservado. Tiene respeto por las diferentes personalidades. Siempre hace referencia a las cosas buenas del otro, a las virtudes, a las buenas intenciones. Es difícil que critique a alguien.

Y me parece que hacia las mujeres es igual. Hay tipas a las que quiere mucho y pondera lo que hacen, le da alegría que les vaya bien. Yo, al principio, estaba celosa de sus amigas, pero él es tan natural que se me pasó. Es cierto que critica poco, pero es capaz de juzgar, y, por ahí, sin compasión. Si les tiene que dar, les da, ¿viste? Con poquísimas palabras, eso sí.

Sin ir más lejos, el otro día habló de Camila y no como yo creía que iba a hablar. Poco y contundente. Mirá que siempre habló bien de Camila, siempre la elogió y cada vez que le tocaba referirse a alguno de los quilombos que supo armar se mostraba amplio, qué sé yo, indulgente. Yo creo que puede admirar a ciertas mujeres, estoy segura. Ahora, como te decía, cuando hay algo que no le parece bien, basta con su silencio o dos palabras para darse cuenta de qué va la cosa. Tiene como un silencio filoso, Eliseo.

Así es él. Ahora, te digo, conociéndolo como creo que lo conozco, bah, como creía, ni en sueños me imaginaba cómo iba a reaccionar yo.

Vos sos mi mejor amiga, por eso hablo de intimidades, a alguien se lo tenés que decir. Es muy cariñoso, muy. Pide todo y te da todo. En el sexo se entrega. Se re entrega. No tanto a mí, me parece. Al acto. Eso, al acto. Es hermoso tenerlo arriba y mirándome como un cazador, como si quisiera cazarme. Es como si se zambullera, ¿me entendés? Y mejor estar bien aislados porque al final pega unos gritos que parece que lo están despanzurrando. Y a mí me hace gritar también. Y me gusta, no paro, me da vergüenza decírtelo. Mentira, no me da vergüenza decírtelo a vos. Me daría vergüenza decírselo a otra chica. Es una mezcla de ternura y erotismo que mama mía. No se guarda nada. Te sentís plena, qué noches Teté, con él, muchas noches, todavía son hermosas,

Pasaron años y, viste, una se acostumbra un poco y medio se vuelve un hábito, como un ritual. Ya no cogemos tanto. Un par de veces por semana, qué se yo. Pero a mí me sigue gustando y creo que a él, también. Por ahí nos peleamos, no mucho, Pero cuando se arma, se arma. Difícil que dure. Es mi amigo, se re preocupa por mí. Yo lo conozco, creo, bueno, creía.

No sé qué pasará después de esto. Me da miedo, bastante miedo, aunque ¿querés que te diga? Me parece que está buenísimo.

Fue el jueves. Yo estaba en la escuela, dando clase y se cortó la luz. Se rompió buena parte de la instalación así que suspendimos y quedamos libres todos mientras el electricista se ocupaba.

Tara Service, como le dice el director, se toma su tiempo, pero termina arreglándolo. Después habla media hora explicando qué hizo. El director lo mira y para mí que no le entiende nada. A lo sumo, le pregunta si hay riesgo de electrocución. Al hombre mucho no le gusta.

Bueno, eran las diez de la mañana y suspendimos las clases. No sabía qué hacer. Tardé bastante. Fui al centro, miré vidrieras, di vueltas por ahí, viste… después decidí volver a casa.

Raro, la puerta estaba abierta, entreabierta. Me asusté e instintivamente hice silencio, fui sigilosa. Aunque no me creas agarré un velador de bronce, para defenderme, qué boluda, como si con eso fuera a solucionar algo.

No había nadie en el living y la puerta del dormitorio también estaba entreabierta. Escuché algo y ahí me re asusté, me cagué toda.

Me acerqué y lo vi.

¿Viste cuando descubrís algo que ni soñabas? Parece que hay un mecanismo que te hace asumirlo enseguida. Es raro, pero pasa. Si lo imaginás, por ahí te produce mucho más efecto que cuando ocurre en la realidad.

Estaba ahí, el señor, en bolas con el vecino, el que le dicen el Tero. El Tero de espaldas y él besándole el cuello, ¿Sabés que hizo?

Me miró. Me miró. pero con una mirada que apenas le habré visto alguna vez, como si fuera otro, como si no entendiera del todo o como si lo entendiera de otro modo. Como si fuera un animal. Y yo me quedé clavada. No sabía qué hacer, Yo tenía vergüenza. Él siguió franeleando sin dejar de mirarme. El Tero ni enterado. No sé cuánto estuve en la puerta. Al final me fui porque tenía vergüenza. Yo era la que tenía vergüenza, ¿podés creer? No quería molestar. Me fui al living y me senté y me quedé quietita. Al principio tenía ganas de llorar.

¿Que qué hice después? ¿Sabés lo que hice?, Se me ocurrió de golpe, como si hubiera visto la luz, eso: vi la luz, me di cuenta, me saqué las pilchas, me dejé la bombacha y me mandé a la cama.

Eliseo me sacó la bombacha. Fue como estar con dos desconocidos con toda la onda. Me encantó. Nos cuidamos todos. Eso creo. Era, después lo pensé, fraternidad. No hay otra palabra. Yo no entendía mucho, iba probando, esperaba y me encantó. Mentira, fue como si siempre lo hubiera entendido, eso es lo que me desconcierta tanto. Miralo a Eliseo. Al señor Eliseo

¿Cómo sigue? Ni idea. Cuando pasé por la puerta del departamento el Tero estaba sacando la basura, me miró con los ojazos grandes detrás de los lentes. Yo no me animé a decirle nada, bajé la vista. Para mí tiene buena onda conmigo. Y con Eliseo, también, creo.

 

Publicación original aquí…