Oma – Revista del Siglo

Me gusta mucho, Oma. Pero la distancia nos mata, ¿entendés? No estoy acostumbrada. Siempre me gustó compartir las cosas de cada día. El desayuno, la cena, los paseos. Ya no sé qué hacer. A veces pienso que puedo dejar que todo se apague. Pero va a ser la primera vez que me queda algo pendiente. Y vos, ¿cómo estás Oma?

Yo bien nena, viste cómo es aquí. Un poco frío en invierno, pero el aire huele tan bien. A veces me molesta la espalda, pero con los masajes y el calor se pasa un poco. Porque el servicio de la clínica es bueno, las empleadas son casi todas alemanas. Hay una que vino directamente de allá, de Lendhut, cerca de dónde vivíamos nosotros.

Y de la familia, ¿conoce algo?

No, es muy joven. Hablamos del lugar. También tiene parientes en Bariloche. Pero no lo conocen al tío Heinz. Por lo que me dice, Lendhut no debe haber cambiado mucho. Todavía está el puente viejo sobre el río Isar. Un puente tan lindo. Jugábamos allí cuando era una nena.

Pero decime, ¿te tratan bien Oma?

Sí, nena, sí. Son eficientes pero un poco fríos. Vos sabés, gente del país. Pero me parece que estoy mejor aquí. Además ¿qué voy a hacer en Rosario? Ya estoy vieja y mejor no molesto a nadie. Ya no tengo ganas. Aquí es un poco como si hubiera vuelto.

¿Y la comida qué tal?

Bien, suave. Alguna salchicha de frankfurt con chucrut para la fiesta de la cerveza. Y eso sí, me dejan tomarme mi “visky” todas las noches.

Whisky, Oma. Whisky. ¿Cuándo los vas a decir bien?

Si lo digo bien nena. Se dice así. Pero contame un poco de vos. ¿No viajás a verlo a Gustave?

No, no tengo ganas. Al principio era diferente. Me ponía contenta, la pasaba rebién, pero cuando llega el momento de despedirte, es horrible. Parece que no tiene sentido. ¿Para qué enamorarse si después te tenés que ir? Me hace doler la cabeza.

Y nena, no es fácil tener que irte. Si lo sabré yo. Pero bueno, eran otros tiempos. Tenía dieciocho años, sabés. Acomodame un poco la silla así me da el solcito antes que se ponga más frío.

Dieciocho años, qué bárbaro Oma. Una nena.

Bueno no era igual, ya sabés. La vida tan distinta y yo no era la única. Faltaban las cosas. Nos comíamos hasta los pulmones de las vacas. Y aquí ya había una colonia donde había gente del pueblo.

Eran muy pobres Oma.

No, nena, no. Trabajábamos todos, pero en casa estábamos mejor que otras familias. Yo hice la secundaria en un colegio bastante bueno Y ¿sabés? era mixto, como ahora, todo un avance.

De veras. ¿Y tenías novio?

Bueno, Novio, no, pero había un muchacho que me tenía bastante loca. Günter. Mirá de lo que me hacés acordar. Estaba tan enamorada.

Günter, qué nombre. Me encanta cómo lo pronunciás. Parecés distinta. Contame Oma, contame.

Ay nena, ¿qué querés que te cuente?, si teníamos diecisiete años. Además era tan tímido. Apenas me miraba. Tan buenmozo, el mejor del equipo de fútbol. No me perdía un partido. Pero era muy tímido. No me decía casi nada y apenas si me miraba. Yo quería, viste como somos las mujeres, yo quería como cuidarlo. Pero qué me iba a animar, si tenía diecisiete.

Pero cómo, ¿nunca pasó nada?

Nada, como decir nada, no. Pero éramos muy jóvenes.

Dale Oma, contame.

Bueno lo más que pasó fue que desfilamos juntos para recibir el certificado de fin de curso.

Se estilaba que un muchacho y una chica se eligieran para el acto en que te entregaban los certificados. Entonces caminaban por el medio de un pasillo en el salón mientras los padres y los compañeros te aplaudían. Tocaba la banda de la escuela. Y se hacían un regalo entre sí. Todo bastante ingenuo.

Se hacían un regalo, qué lindo. ¿Y vos qué le regalaste Oma?

Ay nena, qué emoción. Le regalé un pañuelo bordado que en el momento me parecía horrible. Espantoso. No sabía qué decirle.

¿Y qué le dijiste?

Nada nena, no me animaba. Allí tan grandote y serio. Qué boba. Pero casi todas éramos un poco así.

¿Y él te regaló algo?

Sí, una caja para alhajas. Tan hermosa. Toda hecha por él. Ah, antes de que te vayas haceme acordar de que te dé un collar que es para vos.

No tenelo vos Oma. Me lo das después.

¿Después cuándo? Es para vos, con un rubí. El color que te gusta y va con vos. Eras una furia de chiquita, pero en el fondo, buena. Yo siempre te entendí, más que a tu madre sabés. Con ella siempre fue difícil. ¿Sabés cuánto hace que no me habla?

¿Cuánto?

Como un mes nena. Bueno, qué se le va a hacer. Pero decime, ¿Gustave no viene a verte?

Dijo que quería venir el mes que viene.

¿Y no estás contenta?

No sé Oma. Me desubica. Lo paso hermoso y después se va. Y otra vez a vivir como una planta. No soy para eso. Yo necesito al hombre conmigo. Tendríamos que tomar alguna decisión drástica. O él aquí o yo allá. Está haciendo frío Oma, ¿no tenés frío?

La verdad que no. Estoy un poco acostumbrada. Además, ver cómo se pone el sol desde la galería, allí atrás de los fresnos, es hermoso, nena. Mirá, ¿Sabés?, te lo digo sólo a vos, a veces se me caen las lágrimas.

Ay Oma, me dan ganas de quedarme a hacerte compañía.

Sabés que me encantaría, pero tenés los chicos y sus cosas. Iba a decir los nietos y resulta que ya son bisnietos. Después de vivir tanto, una se confunde. ¿Cuándo me los traés?, Juan Marcos está muy lindo, ¿no es cierto?

Si Oma, es hermoso, Y Mercedes la verdad que también. Y a Gustave le gustan. Me lo dijo. Me di cuenta de que era de verdad.

No sé qué decirte nena. Parece un buen hombre. Pero con el amor a veces no alcanza. Hay que ser realista y las circunstancias deciden muchas veces ellas. ¿Por qué será que a veces las circunstancias…? Me hiciste acordar. Mirá antes de venirme, me parecía que nunca podría querer a alguien como a Günter. Y ya ves, me vine para aquí, lo conocí a Piero e hicimos una familia. Y también lo quise. Fui buena, como él conmigo. Vos apenas lo conociste. ¿Te acordás de él?

Un poco. Me parece que tendría tres o cuatro años

Si eras muy chiquita. Se murió muy jóven. Lo cuidé todo lo que pude. Y ahora me hacés acordar de Günter.

Contame un poco más de él Oma.

Bueno, a ver, era alto te dije, muy alto. Como un metro noventa. Y rubio, claro. Como casi todos. Tenía las manos siempre un poco sucias, de aserrín y cola me parece, trabajaba con el padre que era carpintero. Un poco lejano. Se sentaba en un banco de los de adelante. Quedaba medio ridículo allí en el banquito, con semejante corpachón. Pero a mí me encantaba.

Pero ¿nunca pasó nada Oma?

Ya te dije nena. Era diferente. Sabés qué pienso, que él no estaba seguro. Quizá era yo la que lo perseguía y el pobre no podía más que responder. Pienso que en el fondo no me querría tanto porque si no me hubiera dicho algo más. Si mi hubiera dicho algo, te aseguro que no me venía a la Argentina. Era tan tímido. Yo no le daría lugar, porque de tanto miedo que tenía, me lo pasaba hablando como una cotorra.

¿Y qué fue de su vida?

Y no sé nena. Yo me fui. Se habrá casado, como todos. Vaya a saber si todavía vive.

¿Y te acordás seguido de él?

No tanto. Bueno, a veces. Pasó el tiempo, pero hay cosas que no se te borran. Aquí no hay mucho que hacer más que leer alguna revista y ver tele. Tenés tiempo de pensar. Y cuando puedo, camino un poco para respirar el olor a pasto y a pinos. ¿Sabés qué es lo que más me gusta?

¿Qué te gusta?.

Ir a la casa de los Altmann y jugar a las cartas con la mujer de Stefan. Es muy activa. Todavía hace unas tortas bárbaras. Y yo dentro de lo que puede la ayudo o la converso un poco.

Sí la conozco, me parece repiola. Y coqueta. Cuando la pasé a saludar me hablaba de lo lindas que le parecen mis piernas y de lo bien que me quedan los pantalones. Me dijo que ella también se iba a comprar unos como los míos. Es divina la vieja.

Sí pero no siempre se puede ir. Vos viste. Entonces me lo paso pensando.

En Günter también.

Ay nena, dejate de embromar. vaya a saber qué se hizo de su vida.

Llamá a Alemania, no te animás.

No, nena, mejor no. Estoy vieja y sensible. dejame que así estoy bien.

A mi me pasa a veces cuando pienso en Gustave. Cómo puede ser que dos personas que están tan cerca en un momento, me entendés, tan pero tan cerca, después se separen y lo que es peor, se olviden. ¿Y adónde van tantas palabras Oma? ¿Y las que no se dicen y habrían tenido que decirse? ¿Adónde van todas esas cosas Oma?

Ay nena, no sé. Dios sabrá. Pero algo pasa con una. Como si supieras algo que no sabés. Como si supieras algo.

Vamos adentro Oma , que ya hace frío.

Bueno, alcanzame el bastón. Y de paso busco la cajita de las alhajas de Günter que vino de tan lejos y te doy el collar.

Dejá Oma, quiero que lo tengas vos.

Y yo quiero que lo tengas vos y se acabó. Quién sabe si te vuelvo a ver.

Seguro que nos vemos pronto Oma.

Vamos ayudame a levantarme

Agarrate de mi brazo. ¿Vas bien?.

Sí vamos al dormitorio.

Despacio, ojo el escalón.

Sí, si ya sé. La vez pasada casi me caigo. Upa, ya está. Bueno a ver, andá y abrí el cajón de debajo de la cómoda. Ese, ese. Ahí está, ¿la ves?

Si, qué hermosa caja. Qué fina. Tiene un trabajo delicadísimo. Me encanta Oma.

Dámela nena.

Tomá Oma.

Ay, Ay que bruta, cómo se cae así.

No te preocupes. Esperá que junto las cosas. No te preocupes. Me parece que se salió una maderita.

A ver dame. ¿Pero qué pasa con esto?

¿Qué pasa Oma?

Qué es esto. Qué es esto.

A ver, dejame a mí. Hay, hay como una doble pared de madera. Calza increíblemente justo. ¿No te diste cuenta, Oma?

No, nunca me había dado cuenta. Qué raro

Calza tan justo. Uy, mirá, hay una fajita de papel escrito adentro. Mirá, está en aleman. Qué dice. Fijate qué dice Oma.

Dámelo, nena

¿Qué pasa?, ¿por qué te ponés así Oma? ¿Qué dice?

Ay nena, ay nena.

¿Qué dice Oma?, ¿Pero qué te pasa? Decime qué dice.

Für das…

No te entiendo Oma. Decímelo en castellano.

Para la mujer de mis sueños. Tan íntimamente le pertenecen estas palabras a nuestra caja, como mi corazón a su alma. Hasta el último día, Günter.

Uy Oma

Ay nena, no sé si reírme o llorar.

No llores, no llores Oma.

Vos tampoco mi amor.